PRIMERA CARTA DE SAN PABLO A LOS CORINTIOS, EN AUDIO MP3

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Corinto es una antigua ciudad griega, situada en el estrecho que une la parte continental de Gracia con la península del Peloponeso. En el siglo I d.C. estaba habitada principalmente por excombatientes romanos y por antiguos esclavos libertados, procedientes de Italia, o por sus descendientes. Era capital de la provincia de Acaya, y por su posición tanto geográfica como política, tenía una activa vida comercial, cultural y religiosa. Las referencias de algunos autores antiguos sobre el extremado desenfreno de sus costumbres no parecen corresponder a la realidad de entonces. En este aspecto, la situacion de Corinto debía de ser semejante a la de tantos otros puertos del Mediterráneo.

La comunidad cristiana de Corinto fue fundada por Pablo en su segundo viaje misionero (cf. Hch 18.1-18), a principios de la década de los 50. Algunos de estos cristianos procedían del judaísmo, pero la mayoría era de origen pagano (cf. 1 Co 12.2). Aunque Pablo permaneció allí año y medio (Hch 18.11), solo pudo poner los fundamentos de la fe cristiana (Cf. 1 Co 3.6,10). Más tarde llegaron otros maestros, entre los cuales Pablo menciona en particular a Apolo.

La actividad de algunos de los maestros venidos posteriormente fue ocasión de que se crearan divisiones y grupos en la comunidad. Por otra parte, la intensa vida carismática que se desarrolló en la iglesia de Corinto llevó a algunos a creerse demasiado sabios. Además de todo esto, el pasado pagano de la mayoría de los cristianos y el contacto inevitable con una sociedad pagana de costumbres libertinas, así como las diferencias sociales entre los propios miembros de la comunidad cristiana, dieron lugar a una serie de situaciones y abusos, que Pablo se vio obligado a corregir.

El apóstol había seguido en permanente contacto con esta comunidad, sea por carta, por mensajeros, o personalmente.

De la correspondencia de Pablo con los cristianos de Corinto se han conservado dos cartas. Pero es casi seguro que antes de I Corintios (1 Co) Pablo ya les había escrito (Cf. 1 Co 5.9). Tambien es probable que haya otra carta del apóstol entre 1 Corintios y 2 Corintios (Cf. 2 Co 2.4).

La ocasión principal que motivó el envío de 1 Corintios es doble: por una parte, Pablo había recibido noticias de la situación de la comunidad y, en especial, de ciertos abusos (cf. 1 Co 1.11). Por otra, los corintios habían escrito una carta a Pablo para pedirle explicación sobrealgunos aspectos que les creaban problemas (cf. 1 Co 7.1). Toda la carta es, pues, una instrucción orientada a corregir las deficiencias que había y a profundizar más en el mensaje del evangelio que los corintios ya habían recibido. Teniendo esto en cuenta, se entienden mejor los principales temas tratados en esta carta.

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Como introducción encontramos las partes acostumbradas: el saludo (1.1-3) y la acción de gracias (1.4-9).

El primer tema se refiere a las divisiones o grupos que se habían formado en la comunidad (1.10-4.21). Pablo les dice a los corintios que tales divisiones son, en primer lugar, contrarias a la unidad de Cristo (1.10-17). En seguida las hace ver que ellos todavía no han aprendido la verdadera sabiduría, la sabiduría de Dios, distinta a la sabiduría del mundo (1.18-3.4). Y como esas divisiones se han formado tomando como bandera a varios apóstoles o predicadores, les recuerda cuál es la misión del apóstol (3.5-4.5). Finalmente, les llama la atención por su comportamiento orgulloso (4.6-21).

Después pasa a tratar otros temas que se han presentado en Corinto. Cristica a la comunidad por su actitud condescendiente en el caso de uno que sigue una conducta inmoral (5.1-13), y por recurrir a tribunales paganos en ciertos pleitos entre los propios miembros (6.1-11). Además, corrige algunas ideas de los corintios sobre la libertad en el campo sexual (6.12-19).

Luego pasa a responder a las consultas que los corintios le habían hecho en su carta. En primer lugar, sobre el matrimonio y la virginidad (7.1-40), y, a continuación, sobre lo que se debía hacer con los alimentos que eran ofrecidos a los ídolos y se vendían en el mercado (8.1-11.1).

Viene entonces una sección que tiene que ver con el orden en algunos aspectos de la vida de la comunidad: la conducta de las mujeres en las reuniones (11.2-16) y la manera de celebrar la cena del Señor (11.17-34).

Después trata de otro tema consultado por los corintios: los dones espirituales o carismas. Les enseña a valorarlos correctamente, y los instruye acerca de la manera de ejercitarlos, mostrándoles que por encima de todo está el amor (12.1-14.40).

Finalmente, les da una explicación sobre la resurrección de los muertos: ésta es una consecuencia de la resurrección de Cristo, pero se debe entender correctamente (15.1-58).


La carta concluye con instrucciones sobre la colecta en favor de los cristianos de Jerusalén (16.1-4), información sobre sus planes de viaje (16.5-12), algunas recomendaciones concretas (16.13-18), y los saludos y despedida de costumbre(16.19-24).

Aunque algunos de los problemas tocados en esta carta eran muy propios de la situación particular de la iglesia de Corinto en ese momento, en su mayoría siguen siendo actuales. Debe anotarse, sobre todo, que los criterios y principios que el apóstol propone a los corintios para resolver todos esos problemas se derivan del evangelio predicado por Pablo y tienen, por tanto, valor universal.

Esta carta fue escrita desde Efeso (cf. 16.19), entre los años 54-57.



Paraiso Dios

Como ciervo sediento en busca de un río, así, Dios mío, te busco a tí (Sal 42)

Deja tus preocupaciones al Señor, y él te mantendrá firme; nunca dejará que caiga quien lo obedece (Sal 55, 23)

Depositen en él todas sus preocupaciones, pues él cuida de ustedes (1 Pe 5, 7)

Cuando Dios entra en acción, sus enemigos se dispersan (Sal 68).

Llámame y te responderé; y te mostraré cosas grandes y secretas que tu ignoras (Jer 33,3).

Me llamará, y yo le responderé, y estaré con él en la desgracia (Sal 91).

Deja que él te instruya, grábate en la mente sus palabras (Job 22, 22).

Yo te instruiré, te enseñaré el camino, te cuidaré, seré tu consejero (Sal 32,8).

El Señor está cerca de los que lo invocan, de los que lo invocan con sinceridad. El cumple los deseos de los que lo honran; cuando le piden ayuda, los oye y los salva (Sal 18-19).

Pidan y recibirán; busquen y encontrarán; llamen, y se les abrirá la puerta. Porque el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama se le abrirá la puerta (Mt 7, 7).

Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman (Rm 8,28).

Todo lo que Dios ha hecho es bueno; él, a su tiempo, provee a todas las necesidades (Eclo 39, 16).

No hay que preguntar ¿porqué esto? ¿porqué aquello? porque todo tiene un propósito (Eclo 39, 21).

No hagas mal, y el mal no te alcanzará (Eclo 7,1).

Toda Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar y reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud, para que el hombre de Dios esté capacitado y completamente preparado para hacer toda clase de bien (2 Tim 3, 16).








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